Por: Valeria Puga Álvarez
Henry
Kissinger, el ideólogo de la política exterior del gobierno de Nixon (EUA) y
uno de los hombres más influyentes en el campo de las relaciones
internacionales, escribe en su última obra: “China” que: “la excepcionalidad
estadounidense es propagandista [mientras que] la excepcionalidad china es
cultural”. En efecto, ese afán de difundir sus valores al mundo ha ido muy de
la mano con algunas cuestiones en concreto como: las cartas de intención del
FMI, las recetas del Consenso de Washington y por último, sus “intervenciones
humanitarias” para llevar esa democracia tan anglo a países del Medio Oriente.
Pero
este dogmatismo encuentra sus límites al pasar de la retórica de foro a la
práctica y cuando se trata de un turbio enemigo “terrorista”. La semana pasada,
el Departamento de Estado de Estados Unidos hacía público su “Informe Anual sobre Derechos Humanos” y
puso las tildes a países como Siria, Rusia, China, Venezuela e incluso, a sus
“aliados”: México y Colombia. Por supuesto, Ecuador tampoco se salvó y
respondió al informe.
La ilegitimidad del Informe y el “poder
blando” de los derechos humanos
Además
de Estados Unidos y China, que en respuesta a este reporte emite desde 1998 el
Informe sobre los Derechos Humanos en Estados Unidos, ningún otro país se ha atrevido a ser juez
del cumplimiento de los estándares de otros países, un gesto de clara
intromisión en los asuntos internos y de neocolonialismo.
Esta
pedagogía unilateral, no es sino una de las tantas formas de “poder blando” en
despliegue, ese poder que sin necesidad de armas, ni violencia puede influir en
el comportamiento de actores como Estados, ONGs y hasta en sectores de la
llamada sociedad civil, por ejemplo: los medios de comunicación.
Desde
la época de la “Guerra Fría” los derechos humanos fueron politizados e
instrumentalizados por Estados Unidos y la ex Unión Soviética (URSS), con el
fin de deslegitimar al otro frente a la comunidad internacional. Mientras EUA acusaba a la URSS de violar los
derechos civiles y políticos (libertad de expresión, de asociación, etc.); la
URSS incriminaba a EUA de no respetar los derechos asociados a lo económico,
social y cultural (derechos de los trabajadores, de las minorías, de salud etc.).
No
obstante, en un mundo en el que la multipolaridad va ganando terreno, este tipo
de reportes se vuelve más anacrónico que nunca, peor aún, cuando el telón de
fondo es la revelación de las prácticas de espionaje de EUA contra otros países
y contra sus propios ciudadanos.
El doble estándar y la agenda mínima de
derechos
Al Departamento
de Estado se suma una amplia maquinaria de ONGs como Human Rights Watch,
Amnistía Internacional, Freedom House que de año en año también emiten su
informe. No es casual, Estados Unidos
defiende, sobre todo, los derechos civiles y políticos, aquellos que necesita
el mercado, de allí, que otros derechos de tipo económico y social, como el de
la salud, queden casi por fuera de sus objetivos.
Este
país no ha ratificado varios instrumentos internacionales como: el Pacto de San
José, la Convención Universal contra la
Tortura; la Convención Universal sobre los Derechos del Niño; la Convención
Internacional sobre los Derechos de los Trabajadores Migrantes y sus
Familiares, Convención sobre la eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer, entre otros.
Entre
sus hitos están: haber socavado de forma permanente la autoridad de la Corte
Penal Internacional (CPI) –a riesgo de que sus propios soldados sean juzgados-,
permitir que la pena de muerte siga vigente en la mayoría de sus Estados, el
bloqueo económico a Cuba, las detenciones arbitrarias y torturas en Guantánamo,
los “daños colaterales” provocados por el uso de drones –aviones no tripulados-
principalmente en Pakistán.
Casa
adentro, la extrema privatización de la salud, las violaciones a los derechos
de los migrantes, la represión policial a los manifestantes de “Occupy Wall
Street” y por último, el irrespeto a la privacidad de los ciudadanos del mundo a
través del espionaje. En los últimos años, ningún otro país ha violado tanto
los derechos humanos de los ciudadanos de otros países como EUA.
Estados Unidos no es la ONU
China
ya ha logrado responderle a Estados Unidos en el mismo tono unilateral y a
través de un informe anual. Ecuador también
ha contestado al reporte, con la publicación de un comunicado oficial de la
Cancillería que le sugiere ponerse al día, en lugar de criticar a otros países.
El
régimen de derechos humanos es todavía deficitario a nivel internacional y
regional, solo los órganos competentes al interior de organismos multilaterales
como la ONU, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE)
pueden tener cierta capacidad de asesorar y juzgar los aciertos o desaciertos de
los países en materia de derechos humanos. En ningún caso, otro Estado -menos
aún si éste está peor que sus juzgados- puede informar al mundo de las
violaciones que cometen sus pares.
Ecuador y Venezuela hacia una agenda más
amplia
Ecuador
y Venezuela son casos paradigmáticos de países que han ampliado la lista de
cumplimiento de derechos humanos. Sumados a las ratificaciones de prácticamente
todos los instrumentos internacionales concernientes, han apostado por
priorizar la agenda de derechos económicos, sociales y culturales.
¿Cómo
se ha de procurar únicamente el derecho al voto, si ese ciudadano no tiene ni
salud, ni educación garantizada? Allí, la necesidad de que los derechos humanos
no se limiten a los discursos neoliberales de las libertades civiles, sino que
vayan más allá, hacia el acceso a la educación, a la salud y el trabajo.
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